Siguen a un ciego. Incultos y legos, a todos gusta. Tanto,
que le perdonan haya sido pro-jardinero cuando la poda.
Cuando hacía falta protección, y él, por televisión, reía.
“¿Democracia? La democracia es un abuso de la
estadística."
El arte está más allá de cualquier posición política,
te dicen. Llaman posición política a legitimar
una dictadura, para nada patadura a la hora de pisar.
Cuando hacía falta protección, y él, por televisión, decía;
lo que fuera, le preguntaban de todo.
¿No la veía?
¿El ciego nunca la vio?
Hay uno para cultos, otro para legos. Pero el que más sale
es Jorge Luis para ignorantes.
Igual, lo que quiero decir es que a mí no me gusta;
demasiado erudito. Y como poeta me parece
malísimo. Aparte, el negocio de la
poesía es ver.
Terminantemente, creo haber visto un ciego y gente que
lo sigue; pero no como los chicos de Los Olvidados al
suyo; para lapidarlo. Lo mismo es buñuelesco. Y hasta
podría ser borgeano*.
¿Casualidad?
¿Causalidad?.-
*videntes siguiendo a un ciego
Como dije, poema de Vicente Luy, de su libro No le pidan peras a Cúper.
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E.M.C.: realizado para mi padre:

Sportivo Lisa: realizado para mi madre:

Variaditos y con sorpresas hasta para mí, el creador de los equipos.
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Los días están muy raros, más allá de mi nueva realidad. Renunciar al trabajo fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Tanto soñar que renunciaba, que al final se dio. Trabajar bajo patrón es ceder el alma a cambio de unos billetes. Y el alma no se transa, queridos, sépanlo.
*
Boca es el mejor equipo del país. No caben dudas. Sin refuerzos, sin ruidos importantes, sin nada, se las arregla para tener el mejor plantel cada año. En verdad mantener el plantel es incorporar refuerzos. Los niveles de Dátolo (lo banco desde siempre), Ibarra, Palermo, Battaglia, Vargas, etc… son año tras año mejores. Palermo se pone viejo y juega mejor, lo mismo Ibarra… no se puede creer.
*
Creo que en las poesías que escribo (me niego a escribir “mis poesías”) hay un antes y un después del viaje a San Luis con el CILC.
*
Regresa el multipost. Creo que es ideal para estos momentos en los que uno tiene muchas tareas juntas. No es una forma inteligente de postear; es una forma vaga de hacerlo. ¿Para qué ordenar y relatar de forma coherente y ordenada si podemos fragmentar y usar el tiempo restante para hacer otras cosas?
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el team CILC, Gigante Elefante y amigos, de gira por San Luis:
de izquierda al centro y del centro a la derecha:Comienzo de la foto, Leña, Juan A. Crasci y su ex guitarra, Lucas Fazzito, Fernando Bogado, bolsita de nylon, Pablo Occhiuzzi, Juan M. Daza con candi en sus brazos, Sebastián Realini, Martín Fabbri, Federico Cetrangolo (el leñador), Luciano Di Silvestro, árbol, ropa colgada, fin de la foto.-
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Ante la puerta de la fábrica
el obrero se detiene de repente
el buen tiempo ha tironeado de su chaqueta
y no bien se vuelve
y mira el sol
muy rojo muy redondo
sonriente en su cielo de plomo
le hace guiños
familiarmente
Di camarada sol
¿no te parece
una reverenda burrada
regalarle un día como éste
al patrón?
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En estos largos días de cyberausencia no pasó mucho. Aprendí a escuchar Cienfuegos (a fuerza de traumas), rendí satisfactoriamente dos finales de la facultad, no puedo escribir cuatro líneas seguidas hace dos meses, renuncié al trabajo (termino este jueves), aumenté de peso, me voy a San Luis con el CILC y con Gigante Elefante (nos vamos este jueves) y cuando vuelva comenzará una nueva vida, aunque más igual de la que se puede llegar a pensar.
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El martes llegaba a la puerta del trabajo y el vidrio (la vidriera) me impactaba. Mi cara de asombro fue apreciada por mi jefe, que desde adentro sonreía amargamente. El asombro, seguido de la sensación de derrota, fue como la de llegar a ver a la mujer que a uno le gusta de la mano de otro hombre. La gran vidriera rezaba PUTO, en aerosol plateado. Un metro y medio de largo, por casi un metro de ancho. PUTO. El vidrio arruinado por la mancha. Puerta de por medio, el vidrio lateral de la inmobiliaria también estaba mamarracheado. Garabatos, palabras inentendibles, nada comparado a un PUTO de más de un metro de largo frente a una concurrida parada de colectivos. La sensación de desconcierto y de derrota fue muy grande. ¿Qué hicimos nosotros para merecer eso? Nada, porque no estaba dirigida a nosotros la pintada. Era para el vecino de arriba, de la puerta intermedia. Pero la gente pasaba, leía PUTO y se asombraba, casi con la misma cara que puse yo, pero todos lo tomaban con humor. La humillación del grafiti no tenía nada que ver con la palabra escrita, podría haber dicho FORRO o HIJO DE PUTA, o DALE CHICAGO, todos términos más o menos vaciados de sentido y utilizados hasta el hartazgo en el país, en la ciudad, en el barrio. La humillación estaba en la marca, en la potencia del gesto de arruinar la vidriera. Como las estrellas dibujadas en las puertas de las casas judías, en Alemania, la fuerza estaba en la marca, en la carne hendida por un rasguño. Humillado y desposeído, como al ver a la mujer que me gusta de la mano de un hombre, sólo quedaba reponerme del golpe, o replantearme el modo de encararlo. Juan Manuel Llop llamó a diez jugadores, entre ellos los referentes históricos del plantel de Racing, para avisarles que comenzaban la temporada sin ser tenidos en cuenta. Del equipo de 29 sólo 19 serán los privilegiados sobre los que el técnico depositará la confianza inicial. Humillados, ofendidos, los otros jugadores deberán elegir: buscan un futuro más próspero en otro club, se resignan y abandonan los botines (algunos quizás estén en edad de hacerlo), o como dijo José Chatruc: yo me quedo a pelearla, esto me motiva, me voy a esforzar al máximo para demostrarle al técnico que puedo jugar, que estoy en condiciones de jugar. La mancha, a fuerza de Gillette, diarios y limpiavidrios, salió a las pocas horas. Llop les comunicó la situación a los jugadores, lo que no significa, él mismo lo dijo, que en treinta o cuarenta días la situación cambie, y esos hombres que hoy no son tenidos en cuenta, puedan volver a las canchas. ¿Final feliz? ¿Esperanzas? No, plena incertidumbre. Y el cosquilleo de la derrota jamás me abandona.
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Mientras leo Ray Bradbury pienso en otra cosa y tengo ganas de escribir otras cosas. Leo algo y pienso en algo; otro algo, como el algo que se piensa mientras uno camina o está recostado. El caminar, como el leer, automático, sin razón y el pensar direccionado. El hablar (o escribir) es reacción, respuesta a un estímulo del leer o del pensar. Querer escribir sobre lo que se piensa con el lenguaje de lo que se lee. Y ahora que garabateo cosas en Times New Roman sobre lo que quisiera escribir, pienso en Bradbury, ahora que no lo leo, pienso en Bradbury y en lo poco valorado que es. Literatura menor, géneros menores. Blah. Ray Bradbury es un poeta. Ahora que lo dije, puedo seguir pensando en otras cosas. En un párrafo todo es simultáneo, indeferenciado, caótico. Hablar y escribir; pasado y presente; dar vuelta páginas y páginas de Bradbury y que el sonido de sus palabras deje de significar hombres y marcianos y finalmente diga otra cosa, un nombre, lejano, aunque cercano, aunque lejano.
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