domingo 25 de octubre de 2009

River: equipo chico / sobre la televisación, Julio Ricardo, Roberto Perfumo, etc / TyC y la cuestión a la autoridad


Hablemos de los experimentados: de Gallardo no se puede agregar nada más a lo que ya se sabe. Hizo un golazo. Mucha calidad. Palermo toca media pelota por partido y es gol. Abbondanzieri de a poco recupera su nivel. Ortega está desdibujado. Almeyda es sólido, como siempre. Riquelme ausente. Hugo Ibarra no da para más. Estaba retirándose y se quedó. ¿Para qué?

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De River se pueden decir muchas cosas. Desde el gol hasta la finalización del primer tiempo sólo tiraron pelotazos, rifaron el balón, se sacaron el esférico de encima, pusieron la bocha a girar por los aires –segundo síntoma del miedo–. Mucho miedo. Mucho miedo. El primer síntoma del mismo miedo fue el planteo inicial, sin delanteros netos. Mucho miedo, mucho miedo. Y para coronar el terror Astrada sacó a Gallardo e hizo ingresar a Coronel, ¡a un defensor central! Mezquino, Astrada, mezquino. Eso no se hace. Cagadísimos en las patas los muchachos riverplatenses. Aguantar un 1 a 0 de local sólo demuestra el nivel en el que está el equipo. River, equipo chico. Equipo enanísimo. ¿Habrá que asumir eso? Diez sombras y la calidad –esporádica– de Gallardo.

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De Boca se pueden decir otras tantas cosas. Los jugadores caminaron la cancha. Monzón se relajó en varias oportunidades y perdió pelotas inconcebibles. Los defensores (Paletta y Cáceres) y el volante central (Rosada) salían con una calma, como sin ganas de que la pelota pase la mitad de la cancha. Lateralizaron el juego eternamente; de acá para allá. Con un poco más de tenacidad y de esfuerzo el partido lo ganaba. Aunque el Boca de Basile siempre caminó los superclásicos. ¿Agrande, piedad o impotencia? ¿Todo eso junto? Mal, muchachos, mal.

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Por una disposición reglamentaria los minutos adicionados al tiempo de juego ahora se llaman “tiempo recuperado”. Nótese la diferencia sustancial –parece ser otra cosa, otro material– entre el vigente “tiempo recuperado” y el hoy ya casi obsoleto “tiempo añadido”. En la televisión codificada (paga) el tiempo añadido era un plus, era lo extra, era un servicio más brindado al público por las empresas rectoras de la transmisión del deporte más popular del país. Pagás, claro, pero ves más. Los minutos que excedían a los 90 obligatorios quedaban en el imaginario colectivo como un bonus, como lo no obligatorio que no te daba el fútbol, ni lo que intrínsecamente le pertenecía a él, sino que te lo daba la transmisión. Parecía que debíamos agradecer eso. Con el fútbol por la televisión pública el tiempo recuperado viene a impartir justicia: no nos agrega nada, nos devuelve lo que nos pertenece, lo que siempre nos perteneció y que en algún momento dejó de ser nuestro. Por medio de esta reglamentación el tiempo recuperado imparte justicia (para el pueblo lo que es del pueblo…). Y al mismo tiempo es una gran metáfora de todas las políticas kirchneristas. O al menos de la formación discursiva simbólica/mitológica de esas políticas.

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¿Por qué la repetición de las jugadas dudosas llega siempre 8 minutos tarde? ¿Por qué la repetición de los goles, de las jugadas importantes, de las patadas, de las polémicas, vienen con un delay tan grande? ¿Problema de infraestructura? ¿Problema de acostumbramiento a transmitir? ¿Problema del espectador, acostumbrado a ver la repetición de la jugada antes de que se produzca la misma, en dibujito, en 3D, con actores, etc? Los relatores y los comentaristas se quedan colgados esperando esclarecer dudas sobre las jugadas. “Veamos la repetición…”. Claro, nunca llegó. Las transmisiones “privadas” intentaban cientifizar al fútbol. Las transmisiones públicas, disfrazadas de inocencia, lo saben un juego: lo desdramatizan. Pero, sin dudas, ambas lo reconocen como un negocio.

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Al mismo tiempo parecería ser que la transmisión por el canal oficial marcase cierta idea madre en lo que respecta a las críticas y/o enojos con la autoridad del partido, o sea, el árbitro.
Más que nunca parece dársele la derecha al árbitro por estar in situ, o lo que es preocupantemente peor: al ver las repeticiones, luego de los 8 minutos de espera, viendo algún claro penal no sancionado por el árbitro, los comentaristas dicen “no no, no fue falta, bien el juez”. Caso mucho más comprobable en las posiciones adelantadas. Julio Ricardo o el gran Roberto Perfumo, para citar a dos de los tantos relatores y comentaristas vistos por fin de semana, jamás cuestionan una decisión, o si lo hacen es tal la laxitud que pasa inadvertida. Cada vez hay más errores de los árbitros (hoy: mano de Buonanotte para llevarse la pelota antes del penal; hoy: expulsión a Cáceres por supuesto manotazo violento a la cara de Ortega que en verdad fue golpecito al pecho. Con amarilla se solucionaba) que son tomados como simples posibilidades del juego. Del otro lado, el amarillismo de Garófalo en TyC era insoportable. Durante la previa se encargó de mostrar un video de las actuaciones de Laverni, y de cuestionar la elección del mismo para dirigir el partido, habiendo árbitros, según él, mucho mejores.


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